19/2/14

Tapices IV poema de Ruth Yadira Vidaurre Miranda


Me apodero de los nudos de los árboles
tejo con hilo de cobre la leyenda que los impulsó
a vivir
Conozco del fuego que alimentan las savias estancadas
surcando su misión
Ahora mi regocijo se demora
en las vetas de su borde
Lanzada al rescate de esta certera juventud
mis ojos se rasgan y recuerdo
tu última sonrisa



Del Libro Tapices de Ruth Yadira Vidaurre Miranda
Imagen. Milagro Haack

Tapices III poema de Ruth Yadira Vidaurre Miranda




Alargué los dedos a través de los hilos
para palparte allí
en mi única posibilidad de tu existencia

El retorno de la mano
envuelto
en un trenzado infinito
repetía mil veces las luces de lo malva

Porque me separé de ti
me hice promesa






Del Libro Tapices de Ruth Yadira Vidaurre Miranda
Imagen: Milagro Haack

"Tapices" de la poetisa Ruth Vidaurre"



"Tapices" de la poetisa Ruth Vidaurre”

Yo soy la madre y la naturaleza entera,
señora de todos los elementos, origen y principio
divinidad suprema, reina de los mares
primera entre los habitantes del cielo,
tipo único de los dioses y las diosas
Las cumbres luminosas del cielo, los soplos salvadores del mar
Los silencios desolados del infierno…
Yo soy quien gobierna todo a merced de mi voluntad.
Yo soy la madre y la naturaleza entera…”

Himno a Isis
Lucio Apuleyo

En este libro, bajo una especie de trance, la mano de una tejedora nos habla a través de la boca de una poeta. Ellas nos han estado hablando silenciosas, inalterables desde el origen. Pero el origen es un misterio, un secreto en el vértice de nuestra comprensión del alma y el mundo.

Ella es quien finalmente arrebata el secreto. Ella es quien sabe pronunciar su nombre, por eso su aliento adquiere potencia divina. Isis, ayudada por su hermana Nephtys, inventó el oficio de tejer. La acción de tejer, íntimamente ligada a la vida como la manifestación del mundo haciéndose, como la estructura y el movimiento del universo. Este tapiz sin embargo puede ser también un velo, un misterio, cuya repetición y perpetuación requiere una suprema inocencia. Por ello, sólo unas manos inocentes pueden ser iniciadas en este oficio. Estas manos iniciadas, detentarán pues a partir de ese momento, el secreto de la vida-muerte-resurrección.

Ankh. La cruz ansada, o el nudo de Isis. Lo vertical y lo horizontal entramados bajo el nudo de Isis, símbolo de absoluto poder de transformación y fecundidad. Símbolo del principio femenino. Urdimbre que representa las líneas verticales y horizontales de la cruz cósmica.

El vidente y místico Abraham Abulafía, en el año 1.100, hablaba de que el éxtasis producido a través de la transmutación de la consciencia, por su entrada a los planos de encuentro directo con el Ser, tenía como suceso y logro mayor, desellar el alma, desanudar los múltiples nudos que la oprimen para llegar a tocar, a vivenciar finalmente la totalidad. Pero ya desde mucho tiempo atrás, las niñas iniciadas en las liturgias en honor a lo femenino de la divinidad, vivían solamente para vincular alma-mundo, o alma-mundos, a través del ritual del tejido sagrado. El reverso del nudo era pues más bien símbolo de vida, de inmortalidad, el vínculo, la unión, el abrazo....

Las manos de una niña, vinculada profundamente a la soledad de la tierra, son predestinadas a tejer la púrpura. Esta virgen, adosada a su telar, establecerá la representación del universo en un marco de madera. El ángulo de arriba es el “enjulio del cielo”. El de abajo representa la tierra desde donde se establecerá el vínculo. Como en un acto de alumbramiento, dice Jean Chevalier, “Cuando el tejido está terminado, la tejedora corta los hilos que lo sujetan al telar y, al hacerlo, pronuncia la fórmula de bendición que dice la comadrona al cortar el cordón umbilical del recién nacido”.

La soledad de la tierra. Ella, nuestra niña, debe buscar lo iridiscente en la aridez de la tierra. La púrpura al fondo de los ojos. Pero esa policromía del mundo debe recortarse sobre el fondo del dolor humano. Son las hilanderas quienes abren y cierran las heridas del alma y de la tierra. Del ámbito humano y del cosmos.

Dentro de esta suerte de lucha por mantener la inocencia inalterable, La perpetua inocencia, ¿por qué ha de ser una niña, por qué una mujer? Creímos alguna vez que el hombre era el gran mancillador de los espacios, el cazador de espacios. Pero la dueña del ovillo ha sido siempre ella. Son sus manos y sus dedos quienes muestran la entrada y la salida. Pero más allá de la entrada y la salida, están la vida y la muerte. Por eso sólo seremos salvados por la gracia del vínculo, del nudo. La iniciación de este especialísimo caso, será el ceder y el entregarse de “Ella” a lo omniabarcante, a lo trascendente, a pesar de que en los procesos arquetipales que sustentan los mitos (elaborados por el hombre), y ya en la explicación revelada a través del dogma de la religión, es usualmente el héroe o el sacerdote quien transciende hacia lo trascendente.

Sin embargo, en este caso, ella es la heroína, la que debe permanecer inmancillada. Su capacidad para la renuncia debe estar más allá de su imponente miedo, de su duda. Por ello la absoluta entrega a la soledad, al silencio exasperado del color. Ella tendrá por fuerza que dejarse morir, aunque sea simbólicamente, para traspasar su miedo y su duda, para iniciarse en la senda de la soledad, soledad que nos marca el camino que sólo puede recorrer ella misma.

El epílogo de este drama cósmico. Donde una niña nos muestra que el Tapíz-laberinto que el ser humano recorre es la eterna re-creación, será su conciencia, su propio reconocimiento de la muerte y la soledad. Pero reconocer esa muerte y esa soledad, es también reconocer a la totalidad del ser.

El Tapiz, y aún más, el sacrificio de nuestra niña hilandera (quizá también de la poeta, cuya boca nos revela el por qué de su silencio) nos representa el eterno vínculo de lo humano con la totalidad del ser (masculino-femenino), proclamando por siempre esos espacios vírgenes, que aún siendo mancillados por la huella del cazador de espacios, permanecen en una transformación inalterable, santificados por la realidad absoluta, salvados por ella.

Edgar Vidaurre*

*Edgar Vidaurre: Nació en Caracas en 1953, iniciando sus estudios musicales en el año de 1958 en el conservatorio de música Juan Manuel Olivares y de piano con el profesor Jorge Farkas. Posteriormente estudió con las profesoras Gerty Haas y María Albino hasta 1976 año en el que obtiene el grado de pianista ejecutante, así como también estudios de teoría y solfeo, armonía, contrapunto e historia de la música con los profesores Alvaro Fernaud, Angel Sauce y R. Hernández López. En el mismo año de 1976 obtiene el título de Abogado de la Universidad Católica Andrés Bello y en el año de 1989 la licenciatura de Filosofía en la misma universidad. En el año 1991 ingresa a los talleres de poesía del Conac en el Ateneo de Chuao y del Celarg a cargo del poeta Alfredo Silva Estrada de manera ininterrumpida hasta el año de 1995, siendo que paralelamente participa en los talleres libres con las poetisas Elizabeth Schön e Ida Gramcko. Autor de los libros de poesía, La resurrección de los frutos (mención de honor en la bienal 1993-1994 de poesía mística Antonio Rielo de España), Poemas de la tierra (1995), La fugitiva (ganador del premio único de Poesía Bienal Latinoamericana “José Rafael Pocaterra” 1994-1996), La séptima Rosa (1996), El lugar más sosegado de la tierra ( Mención de Honor en la bienal municipal de literatura Augusto Padrón, 1997), y de Panayía (1998-1999) Igualmente autor de numerosos ensayos sobre poesía escritos especialmente para los talleres del Celarg, así como de artículos para los periódicos, El Siglo y el suplemento literario Verbigracia de El Universal, conferencista de la Dirección de Literatura del Conac (1996-1997) y del Ateneo de Maracay. Desde el año de 1989, es colaborador y coeditor de la Editorial vertiente Continua del Poeta Alfredo Silva Estrada, y director fundador del Fondo Editorial Diosa Blanca.


3/2/14

El monte de las cuatro hojas
















1..

Antes tu silencio poseía el rostro de la pena
Por eso
Rasgué por ti los ojos míos
Y conocí del oleaje
Y me convertí en serena
Como los susurros quedos
Como los susurros de un acantilado

2..

Percibo el sonido de la mansedumbre
Desde la mía uniéndose a la de tu piel
¿Cómo lograste domar la dureza de su valentía callada,
Como es que tu beso de volcán no transformó a mis aves?
¡Otórgame pues
La potencia de tu pena
Y recibe en tus flancos
El coraje de la pena mía!

3..

Y una huella niña
Tan cercana de una otra
Que todavía en los atardeceres
Ellas regresan por mí

4..

Y de las corolas del vacío
Solo surgen
Las sílabas prohibidas de tu nombre
Convirtiendo lo mudo
En la muda plegaria del contacto.

5..

Ahora son mías
Tus montañas de granizo
Soy contigo
El origen de lo terso
En la expansión del astro.



Del Libro Después del Silencio
Ruth Yadira Vidaurre Miranda, Poeta, ensayista, músico venezolana. Expresada de la universidad Central de Venezuela: Medicina (1975), y Psiquiatría. Universidad Central (1980), Psicoanálisis. A.S.O.V.E.P. (1985) Cursó estudios de Piano clásico (1968-1973) con la profesora M. Albino, Bajo la supervisión del Conservatorio Santa Cecilia, Roma, Italia. En 1957-1961 con el Profesor J. Farkas y Teoría y Solfeo, (1957-1959) en el Instituto Juan Manuel Olivares. Caracas Venezuela. Formó parte de los talleres literarios dirigidos por los poetas: Elizabeth Schön, Alfredo Silva Estrada y el CELARG.

Obras publicadas: Corderos (2000) Editorial Diosa Blanca. Mención de Honor “Bienal Latinoamérica José Rafael Pocaterra” (1994-1996) Tapices (2001) Fundación Bonadies. Mención de Honor “Bienal A. Bonadies. 1998-2000”. Cantos de lo que Nunca Nació (2004) Colección de Poesía María Clemencia Camarán. Entre sus libros Inéditos podemos citar algunos: Imágenes, Hambre, (Mención de Honor Casa de las Américas 1993) Nayjama, Sobre la Lumbre del Instante. Cantos De lo que Nunca Nació; Después del Silencio, con ilustraciones, collages y Mandalas elaborados por la misma autora. Asimismo, es autora de ensayos sobre poesía especialmente. Ha colaborado para revistas y diarios de país, conferencias, prólogos, presentaciones de libros.

19/1/14

Tapices V poema de Ruth Yadira Vidaurre Miranda





Enhebro los colores
como si pudieran darme las dimensiones de tu cuerpo
cuerpo que no tiene fin
y que yo cimiento en el principio de mis manos
donde cada hilo alarga esa flecha que me invierte
la mirada o el aroma

hasta comulgar con aquello
que jamás alzó su queja

Del Libro Tapices de Ruth Yadira Vidaurre Miranda
Imagen: Milagro Haack


29/1/10

Tapices II poema de Ruth Yadira Vidaurre Miranda





Cercada en una reclusión de lino y piedra
el miedo entrecruzó mis manos
Entonces conocí la fuerza de los vulnerables
porque la prestancia de mis dedos anudó
ese poder tan semejante al crisálida intransferible
del que luego, al desgarrarse queda
el alma retumbante de los hilos

He construido para tu sombra mis abrazos
hilando como un huso mi silencio


Del Libro Tapices de Ruth Yadira Vidaurre Miranda
Imagen: Milagro Haack

Tapices I poema de Ruth Yadira Vidaurre Miranda




Me envuelvo en la fragancia gruesa de las piedras

Yo soy lo ríspido de sus salientes

en mi vuelo no existe lo mullido

mi audacia no conoce sol

Mas me tienta ese brillo que arrostran mis pupilas

cuando desembocan


Esta mano no sabe aún entrelazar las hebras

La otra en cambio conoce de sobra mi destino

¿ Que le importan a mis palmas el oficio del encuentro ?


Pero mis dedos son delgados

como ranuras que respiran intersticios en las rocas

saben que toda muralla es la historia silente

de tanto ensarte inverosímil


Se descuelga a través de mi mirada el poder de los colores

con los que el día , penetra su labor hasta la noche

para obligarla y devenir en nupcias


insaciables



Del Libro Tapices de Ruth Yadira Vidaurre Miranda

Imagen: Milagro Haack